El mundo es un pañuelo y nadie se resfría.


Una nueva noche que me encuentra viajando en colectivo.
Aquí estoy en el asiento de este transporte que me hace acordar a esas tortas que traen poco dulce de leche, no creo que hubiera implicado un gran gasto ponerle un poquito mas de relleno a la butaca. Uno tiene la sensación de que todo el cuerpo se adormece y el cosquilleo es disparador de una violencia que no tiene donde ser descargada.
Sumado a esta situación de colmos, falta la palanquita para reclinarlo, pareciera un castigo pero al menos tengo una gran ventana, desde ella puedo ver gente, personas que parecen tan solas, que irán pensando, tantos autos que van como que vienen, es parte de un status quo, asi se mantiene un equilibrio, como en todo.
Veo algunas luces quemadas en los postes de luz de la ruta que iluminan tristeza, las líneas blancas de que alguien pensó servirían para mantener un trafico ordenado hoy están desgastadas, fueron pensadas para inexistentes conductores ordenados, acá todos van como dueños del camino, le quitaron el respeto que debieran inspirar desde un principio y hoy simplemente acompañan , en un modo molesto, parecen los mosquitos de un día de pesca, irritan pero complementan el momento. Quien iría a un dia de campo sin insectos, es tan impensado como ir a un geriátrico donde no se vean caras largas y abandonadas, simplemente funciona así es una especie de decreto aceptarlo.
Al lado mio va un pibe joven también y veo con que velocidad se mueve una muy mordida lapicera sobre un cuaderno sospechosamente parecido al mio. Por su forma de vestir diría que toca bien la guitarra, no se si es que soy muy prejuicioso o fui bendecido con esta intuición. El punto es cuanta gente anda por ahí y es compatible con uno y seguramente dependa de nosotros conocerlas y hasta lograr un vinculo importante. Por mi lo haría, la vergüenza me resulta desconocida, son como las matemáticas , se que están, pero no me generan interés, casi me dan asco.
Solo imagínenme diciéndole a este supuesto compañero que es un gusto conocerlo, me presentaría y le haría una invitación para unos mates. Creo que su expresión seria comparable con la que haría si la novia de un amigo me guiñara un ojo.
Yo se que el sapo de otro pozo soy yo, pero creo que seria lindo que se dieran así las cosas; apuesto a que si imaginan esto pensarían "y si me lo hace alguien feo, con mal aliento o incluso un ladrón", si pensaron eso, son de la porción de gente que me ve raro, sino me ven así, visiten un medico o llámenme que podemos llevarnos bien.
Volviendo al colectivo, no puedo ganarle la batalla al asiento, mi impaciencia crece a pasos agigantados.
Ya nadie corta el pasto de la ruta, sera porque es algo de paso, nadie se detiene a verlo, entre tanto gris oscuro y blanco sucio del camino seria agradable ver algo verde para cortar esta tristeza, una melancolía indisoluble que llevan como bandera los viajes que uno hace solo, este pastito seria como el laurel en la salsa que mi abuela hacia, no era tan rica pero al menos agradaba a la vista.
Se que falta poco para llegar, veo una pareja, en el asiento del otro lado del pasillo, que ya comienzan a prepararse con sus abrigos para bajar; las luces se intensifican, siempre me llamo la atención como Buenos Aires siempre esta de brazos abiertos, siempre te recibe colorida, iluminada y con distracciones en cada cuadra.
El pibe este con el que podríamos ser amigos sin conocernos, saco del maletero una guitarra.
Sin mas que decir y próximo a donde debo bajar, sacare la campera algo arrugada y observare algo mas sobre que escribir.

En la cúspide


No pido mucho más…
Que un mate amargo, espumoso y caliente hecho con la precisión quirúrgica de la mano de mi viejo.
Un chiste sin gran argumento, más bien burlón, hecho para la preciosa y reservada sonrisa de mi hermana.
Una charla sobre amor y sueños con mi vieja, no opina pero entiende, no me cuenta nada pero en sus tonos de voz descifro todo.
Una coincidencia con mi hermano, tipo particular si los hay, una cabeza de adorno y un corazón del tamaño necesario para protegerla.
El cariño de mi perra al llegar a casa, un bicho al que no le falta hablar porque aprendió a comunicarse de otros modos, su nobleza grita cosas que quienes usan palabras no podrían decir jamás.
El saludo de un amigo, seres de otro planeta, irremplazables, una guardia suiza, un grupo de elite a la vida, quizás sean el único amor correspondido.
La melodía de una guitarra, su música, causante de tantas explicaciones sentimentales y descarga de quienes no aprendimos a llorar.
El sabor de una comida casera, de las que hacemos todos reunidos en la cocina de casa, con algo de música de fondo y largas conversaciones de diversos temas. Si será agradable que amigos y familiares llegan de todas partes a compartir el momento.
Ese olor a pasto recién cortado me recuerda mi niñez, ver a “papi” emprolijando el castillo.
El ruido calmo del rio, ese que hace que cualquiera se vuelva un pensador e incluso que alguien comience a apreciar las pequeñas cosas que nos regala la vida.
Los rayos entrecortados del sol calentando la cara en una caminata sin rumbo,  esto no tiene precio por el simple hecho de que tiene mas quien realmente lo busca, no basta con solo desearlo, hay de salir y encontrarlo.
El desequilibrio antes de un primer beso, si tan solo supiera donde venden esta sensación de la que lastimosamente nunca me conformo.
El perfume de la tierra en verano cuando la lluvia viene en camino.
Una mañana libre, una tarde de siesta y una noche en compañía.

Hamaca paraguuaya

Bajo tus besos estupefacientes pasaron inolvidables horas hasta que la noche nos encontró y poco a poco el vaivén nos fue durmiendo sobre esa tela; abrazos de almohada y un cielo estrellado que bien fue motivo de largas charlas, también un cuadro para ver y manta en esa noche de verano que recuerdo en esta de invierno.

Rosa María De Las Nieves



Diré que desde que la vi me volví un envase repleto de interrogantes: cómo sabe su boca, cuán fuerte abraza, la suavidad de su piel, la sensibilidad de su cuerpo para estremecerse y la intensidad de su mirada al hacer el amor o la relajación de su cara al cerrar los ojos y morderse la boca.
Hoy todas estas dudas son bellas certezas que tuve la oportunidad de sentir.
Le hable me escucho, pregunto, conteste y pasado algún momento ya nos encontrábamos respirando casi el mismo aire, uno al lado del otro, tan cerca y a la vez tan lejos que parecía ser insuficiente mi voluntad de besarla; pasaron horas y horas sin que pudiera quitar mi mirada de sus labios, gruesos, de color intenso y algo ajados de nervios.
Era el momento, como si hubiera existido alguna especie de emergencia me dispuse a besarla, y ahí fue cuando mi cuerpo comenzó a contaminarse de un alivio que solo logro comparar con el abrazo de la vieja cuando vuelvo de algún viaje.
Nuestras bocas tan extrañas, tan desconocidas, como quienes se miran deseosamente a través de la ventana de un colectivo, "se tenían de vista" quizás de otra vida. Al menos es la mejor explicación que encuentro para una conexión tan mágicamente instantánea.
Perdí mi mano en su pelo, se sentía tan lindo como cuando uno se ensucia las manos amasando; esa melena tenía el aroma propio de una mañana de abril. Comencé a abrazarla con una fuerza como si alguien o algo quisiera quitármela, con una firmeza no bruta, sino mas bien con la potencia con la que uno estrecha la mano con un amigo, no para lastimar, por el contrario para hacer notar que uno esta ahí, sintiendo. El resto es historia conocida, en realidad no sabría como describirlo, lo que no le quita especialidad a este episodio que buscaba hace mucho y hoy encontré.
Ella, bueno, algunos detalles: hace unas caritas que cualquier retratista quisiera transformar en una serie de obras sepiadas. Sus miradas confunden, a veces uno cree que lo mira alguien superior, una suerte de amo, cuando se resuelve que ese mirar duro y desafiante solo pide con el grito desesperado de un mudo, otro beso, otro mimo celoso.
No podría vacilar en decir que extrañare en cada instante en que sienta frio o desamparo, sus explosiones de abrazos con los que me estruja, simplemente a uno no le queda más remedio que someterse a tanta melosidad y dulzura; y esos besos chiquititos que de delicados y sutiles parecieran de cristal, pero no se dejen engañar esta suavidad es solo la entrada perfecta de un plato principal que viene cargado de una indomesticable pasión.
Esa noche jugamos al gato y al ratón, intercambiando roles; quien era roedor no era veloz y quien era felino no llevaba garras afiladas, de este modo no podíamos escaparnos muy lejos el uno del otro ni tampoco lastimarnos.
Juagaba con mi cuerpo, se divertía y lo disfrutaba como cuando uno recibe el regalo de navidad que había suplicado. Por momentos nos volvíamos peces fuera del agua y en esa absoluta desesperación halle mi sosiego. Así de satírico es este sentir.
¿Mujer, cuando te volveré a ver?
La calma de su voz, la seguridad de sus ojos, la exactitud de sus gustos, combinados a la complejidad de su cabeza y la sencillez de su sentir desequilibran a uno que sostenía tener todo claro, digo claro por no decir simplemente pensado; qué clase de idiota puede razonar que el será quien pueda determinar qué sentir, que pensar, como actuar; una hembra de este calibre tiene la capacidad de probarle a uno el cielo está bajo sus pies y que lleva los zapatos por sombrero.
Para despegar y elevarse unos cuantos centímetros del suelo basta con permitir que su mirar lo abduzca, uno está perdido en un nivel consciente, en el que es posible percibir en la estupenda sensación que se vive, tiempo y espacio se vuelven cosas tan irrelevantes como la indiferencia misma. Para caminar con un paso seguro y firme, sacia el hecho de abrazarla por detrás de su espalda en una calle cualquiera, a cualquier hora. En esa tersa espalda encontré mi lugar para pintar, es el destacado lienzo donde mis dedos crearon una obra maestra arraigada entre unos delicados hombros y una endemoniada cadera. Para corroborar su sensibilidad, mi boca ha elegido su cuello como parque de diversiones.
El mapa de la belleza se encuentra en su pecho y la llave de mi tesoro perdido cerquita de las comisuras de su cintura.

El pasado no se pisa, se corre el riesgo de llevarlo por siempre pegado al zapato

Por alguna razón el nudo en la garganta no desaparece, peor aún, aprieta tan fuerte que desprende un sonido como el de una vieja puerta de madera desgastada por tantas lluvias y quizás por un mal uso.
Las noches son una sala de espera, la que solo acaba con un pinchazo y una curita. Siguen siendo tan extensas que se vuelven día; y mi cabeza es un laberinto tan encrucijado como el mismísimo plano de esta ciudad, lugar cruel para los solitarios y letal para los desesperados, sin embargo, siempre te recibe con luces y sonidos, el riesgo es que las primeras encandilan y los otros aturden quitándole a uno el equilibrio.
¿Qué me mantiene en pie? Un vaso de agua que en este desierto, es la idea de saber que logramos mas que solo decirnos "ojala, pudiéramos volver el tiempo atrás". Supimos aceptar que el reloj no retrocede, solo avanza. Supimos navegar sobre estas agujas destructoras de segundos para hoy volver a mirarnos y sacarle el polvo a este libro de un millón de historias y un solo cariño. Un libro con capítulos a los cuales paradójicamente para completarlo debimos arrancarle paginas que lo depreciaban con triste humedad, un par de gotas saladas y algún que otro párrafo en tinta invisible. Tal vez no sean hojas llenas de alegría pero la seguridad radica en que aun no conseguimos ponerle el último punto, ese final, ese que permite escribir un nuevo texto.
De momento "termina" así...


El unigénito. Parte I

¿Dios? Habrá querido ser ese que los convierte en individuos en los que no confiaría por el simple hecho de no codearme con quienes solo me llamarían cuando sienten sus vidas vacías o inactivas.
Sinceremosnos, en lo personal, creo que si las misas fueran una gala que se celebrara los viernes los simpatizantes disminuirían en un muy elevado porcentaje, esto se debería a que no hay muchos compromisos los domingos por la mañana, de hecho, ninguno. Si la palabra del señor, a través del libro de Marcos nos aconseja dar lo que tenemos aunque implique un sacrificio y no lo que nos sobra. Acaso no estamos dando nuestro tiempo sobrante a venerarlo en lugar de sacrificar un momento personal.
No conozco a nadie que vaya a una iglesia luego de ver a su hijo sonreír, nadie va al ganar un premio, ni mucho menos por haberse enamorado.
Mas bien, veo personas ir cuando están enfermos, hay necesidades insatisfechas, falta comida o se sienten solos y abandonados.
"Por el amor de dios", quien quisiera rodearse de estos seres que huelen semejantes a esos parientes que tienen una admirable memoria selectiva que les permite aparecer solo en los cumpleaños donde la compañía, los alimentos y un que otro vino no falta. Me pregunto ¿los otros 364 días no desean vernos estas sanguijuelas de poca monta?.

Corriendo a la pared

Tu recuerdo es eso, eres y seras algo que recordar; no más, no menos.
Ojalá no sientas que ser solo un recuerdo te confina a una tumba en la que ya había arañazos antes de que vos la ocuparas, quizás son marcas que solo buscan probarte que lo que te esta pasando ya ocurrió antes a otro sinfín de personas y que seguirá ocurriendo, conforme pase el tiempo, a tantas otras más.
Ojalá no me huelas en tu almohada.
Ojalá no trates de saborearme en cada nuevo beso sin lograrlo porque eso causa una angustia únicamente comparable con la que sentirá ese que este frente a ti y tampoco te halle presente.

Detengamonos

La gente parece estar enjaulada en una especie de carrusel que solo se frena una vez que es tarde.
¿Tarde para qué? Para empezar a reconocer que hacemos cosas simplemente por hacerlas, actuamos conforme a costumbres que disfrutábamos pero que realmente hoy no tienen su significado original.
Jugamos a las cartas en la computadora, pensemos un segundo esa simple frase; Jugamos a las cartas... en la computadora. la hilaridad es inmediata, ¿Acaso no disfrutábamos de quitar un maso de una caja que de caja ya le queda muy poco, emparchada con cinta, una tapita faltante pero que en su imperfección es esplendida; guarda una baraja llena de anécdotas, retrata tardes, noches, amigos. Huelan esa humedad de naipes suaves y difíciles de mezclar.
Del mismo modo hemos perdido tantas cosas más que son solo casos repetidos:
Correr en una cinta en lugar de recorrer nuevos lugares, pisar hojas en otoño, sentir que se respira hielo en invierno, calles perfumadas en primavera y el trote de verano con la fiel compañía del sol.
Comprar todo hecho, otra situación idéntica. Ensúcience las manos con harina, pelen sus verduras y vean una mesada llena de colores, perfumen la casa, no hay desodorante de ambiente con fragancia "hogar". ¿Son las abuelas que enseñan a cocinar una posible raza en extinción? En lo que a mí respecta, me parece más respetable protegerlas a ellas que a los Koalas.
Esto me pone más triste aun, nadie recurre mas a libros o diccionarios y lo realmente grave es que el día de mañana quizás seamos padres que no tengamos que enseñar o compartir con nuestros hijos, no va a haber charlas, debates, lecciones, ¿para qué? "todo" esta en Google.
No creo que el apuro sea tanto, en definitiva corremos tras algo que mañana vuelve a empezar. Detengámonos, quienes vamos pausados también vivimos.

Prueba y error

Si de cada lágrima nace una canción,
de cada sueño un libro,
de cada alegría una motivación,
de cada abrazo un regalo
y de cada reunión una conversación.
por qué no salir a buscar esa vida que espera
y mejor aun que espera con personas con quienes vivir, charlar, abrazarnos, reír, llorar, cantar y soñar.

El reloj se autodestruye

Me desgarran las lágrimas y les cuento que hay seres de una clase que parecen y de hecho han probado ser eternos; lastimosamente todo perece y en algún momento, tarde o temprano, se van.
La cuestión es por que solo nos atraen las cosas con olor a nuevo, si en esencia, aquello que el reloj deteriora también fue "chiche" nuevo en su momento. por que no vivir y actuar considerando eso.
hoy el dolor y el arrepentimiento por no haberle dado la atención y el interés que merecía este ser, tan incondicional, que en realidad ya no se cuando venia porque jamas se fue, es tan grande como los momentos que paso junto a mi.
Le hable, le rogué perdón, prometí no volver a hacerlo; su respuesta fue una mirada y supongo que las paces quedaron hechas.
No puedo despedirla porque me es difícil creer en su partida...
Fue motivo de chistes y preocupaciones, ensucio y cuido la casa como nadie. Nos esperabas hasta que volviéramos, nosotros a vos no... perdón.
Me enseñaste mas que cualquier libro sobre que es lo que realmente importa, lo tuyo fue una lección de vida. 
Te dedicaría un renglón de perdones por cada instante a mi lado.
Quedate por siempre, al menos otros 17 años mas, no seria tanto...