Mujer te he vuelto a encontrar, y esto solo puede significar una sonrisa en mi cara.
Debo decirte que no te he dejado de ver, pensar e incluso querer.
Ya te veo completa, una mujer, una nena, una amiga, una compañera, una cómplice...
Al tibio cuerpo que deseaba hoy lo tengo y a esa alegría se le suma la magia de ver en tus ojos, sueños y planes que voy a escribir en tus labios con diminutos besos. Quiero abrazarte con la misma fuerza que gritaría el día que te fueras.
Las ilusiones que creía perdidas me vuelven y sorprenden tanto como asustan...
Quiero bañarte los miedos, cocinarte cenas de cama, acariciarte marcas del pasado, escribirte dolores en lápiz para que los puedas borrar, cebarte un mate con olor a casa y despertarte con tu oreja en mi pecho para que sientas que acá todo late por vos. Te acompaño a donde quieras, te doy mi mano para que no te caigas, te sonrió para abrigarte y vos me das tu tiempo como si no hubiera obligaciones, me das palabras hechas de azúcar, caricias de nubes, risas de picardia, besos eternos y tarareas musiquitas que relajan el lugar.
Verte en invierno es sentirse en un sillón frente a un hogar con una taza de chocolate y una cobija; en verano espero poder averiguarlo.
Tus ideas me despiertan, tus palabras son la música de fondo en este momento de mi vida y tus sentimientos se perciben tan originales, tan puros, y por primera vez siento que me correspondes, me diste antes de que pudieras recibir, sonreíste antes del chiste y me abrazaste antes de que llegara el frió.
El modo en que me miras me cosquillea el alma, puede que todo esto suene repetido e incluso cansador de leer pero me cuesta evitar que las cosas giren en torno a tu simple pero profundo cariño, a tu inocente locura, a tu cara angelicalmente madura, y asi con cada rasgo o actitud que se desprende de tu hermosa humanidad, de tu suave cuerpo, tu exquisito carácter y tu extravagante personalidad.
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